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martes, 26 de marzo de 2013

Miedos...

Luz sobre mi rostro que aparece tenue y oscura tras las rendijas de la persiana, luz que no logra cegar mis sueños, que no es suficiente para que deje de viajar por un mundo que yo misma he recubierto de pompas de jabón, colores que no se identifican con miradas, olores que solo puedes tocar para saborearlos dulcemente...

Él sigue ahí, en mis sueños, sentado bajo la sombra del árbol donde yo solía escribir, me cuesta mirar sin sentir osadía por él, ya ha vuelto a robar mi mágico escondite. Pero sin querer, le miro una y otra vez, busco sus miradas, aprendo sus gestos, sonrió a las palabras que imagino que salen de su boca. Tan lejos pero tan cerca,que se suma a  una pequeña corriente que empiezo a sentir por mis pies y sube por todo mi ser... el escalofriante latido de mi corazón que parece llamarle a gritos.

Ansiare soñarte mañana, volver a mirarte desde la lejanía para notarte dentro de mi, imaginar como tus manos se pierden entre mi pelo mientras tus ojos entremezclados con los mios crean mareas de pasión que se fusionan sin llegar a verlo.

Pero mis ojos traicioneros se han rendido ante este maldito mundo visceral, mis pestañeos constantes por recuperarte no son suficientes, ya no estás, ya no logro verte debajo de aquel árbol,  te has ido. Extraña sensación la del extrañarte sin conocerte, la de necesitarte sin verte, la de quererte sin hablarte.... 

viernes, 18 de enero de 2013

Solo soñar...

Solo déjame soñar un rato más,
esta vez prometo despertar,
caminar sobre el frío suelo y no recordar.
Si solo me dejarás soñar,
un minuto más...
todo podría volver a funcionar,
mis sueños
que tanto tiempo me llevo crear,
aquellos que lágrimas me dolió sacar,
y que sonrisas pude recuperar...

La melancolía de un beso,
la fuerza de un sonrisa,
la cautela de un abrazo,
el abrigo de una mirada.
Todo y nada,
que solo logró mezclar
en mis locos sueños,
sin miedos,
con ilusiones
que puedo imaginar,
que a veces los párpados sin sellar
con ellos puedo viajar.

Quiero mirarte
una y otra vez más,
tus manos sobre mis hombros,
tu nariz sobre mi pelo,
y solo en ti encontrar
el todo y la nada,
porque mi mundo se me desbarata,
si tu no estás...

sábado, 15 de diciembre de 2012

Suspiros de un amor muerto

Solía escribirte cuando dormías, donde nuestros sueños eran tan ligeros que podíamos volar. Allí, el roce de tus labios era como notar las nubes entre mi pelo. Tu dulce sonrisa reflejaba sobre mis cálidos ojos que ya te añoraban. Hoy ya no te tengo, ya no te sueño. Atrás quedaron tus caricias sobre mi cara, no recuerdo tus gestos al despertar. Queda lejos tus te quieros desde la ventana. Ahora las lágrimas marcan mis días, la pena de un invierno que solo deja fríos lamentos. Mi añoranza recupera algún momento en el que tu mano agarraba fuertemente mis dedos. No te pienso, solo sufro en este silencio que me mata y me grita, que me engaña y me golpea hasta el inhóspito infierno. No quiero que vuelvas, solo que recuerdes aquellos momentos en los que vivía rápida y fugazmente, aquellos en los mi sonrisa se dibujaba en el viento. Solo tu aroma era un sentimiento, un amor que deja de ser un océano para convertirse en dulce lluvia sobre la arena. Pero aquí sigo en nuestro escondite, donde venías a susurrarme que no hay límites para los sueños.  Esta vez te espero como las estrellas imaginan la oscura noche para encontrar su momento. No me pidas que me calle si solo puedo llorar sin desconsuelo, imaginándome mi cuerpo sobre tu cuerpo. Un cuento de princesas de felicidad incalculable se convierte hoy en algo incierto, ya no existen risas ni perdices, solo puro recuerdo.

jueves, 31 de mayo de 2012

Distancia

A veces imagino, sueño y no puedo gritar... Mi voz esta muda ante este sentimiento que me persigue. Apareces, me besas y cogiendome fuerte de la mano me enseñas el mundo que has creado para los dos, solos tu y yo. Pero a menudo solo te veo venir a lo lejos, distante observandome. Todo lo que soñamos se va volando como globos de helio, no logro alcanzarlos, los pierdo y a mi imaginación la cuesta volver a dibujarlos. No te oigo desde aquí, ya a penas puedo verte, tu presencia me mata en vida, dime que esto es una pesadilla. La angustia me transporta a mi realidad en la que tu no estas, en la que mis labios ya no saben emitir tu nombre. Te has ido para no volver. En mi consuelo queda los sueños donde aun te recuerdo.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Me doy permiso...

Me doy permiso para...

Me doy permiso para separarme de personas que me maltraten, que me traten con brusquedad, presiones o violencia. No acepto ni la brusquedad ni mucho menos la violencia aunque vengan de mis padres, pareja, hijos, de nadie.

Las personas bruscas o violentas quedan ya, desde este mismo momento, fuera de mi vida.

Soy un ser humano que trata con consideración y respeto a los demás. Merezco también consideración y respeto.

Me doy permiso para no obligarme a ser el alma de la fiesta, el que pone el entusiasmo en las situaciones, ni ser la persona que pone el calor humano en el hogar, la que está dispuesta al diálogo para resolver conflictos cuando los demás ni siquiera lo intentan.

No he nacido para entretener y dar energía a los demás a costa de agotarme yo: no he nacido para estimularles con tal de que continúen a mi lado.

Mi propia existencia, mi ser; ya es valioso. Si quieren continuar a mi lado deben aprender a valorarme. Mi presencia ya es suficiente: no he de agotarme haciendo más.

Me doy permiso para no tolerar exigencias desproporcionadas. No voy a cargar con responsabilidades que corresponden a otros y que tienen tendencia a desentenderse.

Me doy permiso para no agotarme intentando ser una persona excelente. No soy perfecto, nadie es perfecto y la perfección es oprimente.

Asumo plenamente mi derecho a defenderme, a rechazar la hostilidad ajena, a no ser tan correcto como quieren; y asumo mi derecho a ponerles límites y barreras a algunas personas sin sentirme culpable. No he nacido para ser la víctima de nadie.

Me doy permiso para no estar esperando alabanzas, manifestaciones de ternura o la valoración de los otros.

Me permito no sufrir angustia esperando una llamada de teléfono, una palabra amable o un gesto de consideración. Me afirmo como una persona no adicta a la angustia.

Soy yo quien me valoro, me acepto y me aprecio. No espero a que vengan esas consideraciones desde el exterior. Y no espero encerrado o recluido ni en casa, ni en un pequeño círculo de personas de las que depender.

Al contrario de lo que me enseñaron en la infancia, la vida es una experiencia de abundancia. Empiezo por reconocer mis valores, y el resto vendrá solo. No espero de fuera.

Me doy permiso para no estar al día en muchas cuestiones de la vida: no necesito tanta información, tanto programa de ordenador, tanta película de cine, tanto periódico, tanto libro, tantas músicas.

Decido no intentar absorber el exceso de información. Me permito no querer saberlo todo. Me permito no aparentar que estoy al día en todo o en casi todo.

Y me doy permiso para saborear las cosas de la vida que mi cuerpo y mi mente pueden asimilar con un ritmo tranquilo. Decido profundizar en todo cuanto ya tengo y soy. Con lo que soy es más que suficiente. Y aún sobra.

Me doy el permiso más importante de todos: el de ser auténtico. No me impongo soportar situaciones y convenciones sociales que agotan, que me disgustan o que no deseo. No me esfuerzo por complacer. Si intentan presionarme para que haga lo que mi cuerpo y mi mente no quieren hacer, me afirmo tranquila y firmemente diciendo que no. Es sencillo y liberador acostumbrarse a decir no.

Elijo lo que me da salud y vitalidad. Me hago más fuerte y más sereno cuando mis decisiones las expreso como forma de decir lo que yo quiero o no quiero, y no como forma de aceptar las elecciones de otros. No me justificaré: si estoy alegre, lo estoy; si estoy menos alegre, lo estoy; si un día señalado del calendario es socialmente obligatorio sentirse feliz, yo estaré como estaré.

Me permito estar tal como me sienta bien conmigo mismo y no como me ordenan las costumbres y los que me rodean: lo normal y lo anormal en mis estados emocionales lo establezco yo.

Joaquín Argente

jueves, 8 de diciembre de 2011

....

No se como empezar esta vez. La desilusión ha tocado mi puerta. Siento ganas de desvanecerme como el ázucar de mi café. Esta mañana todo es gris. No me quedan lágrimas, la pena las ha agotado, mi corazón late lento, está débil pero aún tiene algo de fuerza para buscar voz en tu silencio.

Los recuerdos me abrazan con ternura, es agonizante sentirte un paso atrás. Este camino es nuestro, lo llené de flores y ahora quitaré las piedras a nuestro paso con mis propias manos.

Mírame a los ojos, coge mis manos, somos uno, algo tan fuerte que las tormentas no podrán arrollar, que el largo invierno no conseguirá enfriar, solo conseguiremos crecer juntos y a la vez, lento pero cada día un poco más.

Escúchame, porque esta vez no abriré la boca, lee mi mente que se apoya hoy en mi corazón. Lograrás escucharlo. Te quiero y no imaginas cuanto, que el temor a perder, aumenta mi llanto. Y que por el miedo a tu sufrimiento, nace mi incertidumbre. Que te siento y te lloro, te beso y te imploro, que mi corazón esta vez habla mucho mas fuerte que mis palabras.

Hagamos que salga el sol, juntos podemos. Ahora miraremos al cielo y sin darnos cuenta se nos calentarán las manos. Esta claridad te permite verme por fin, estoy aquí y no me iré jamás.

martes, 29 de noviembre de 2011

Notas de amor

Hoy he escrito nuestra canción. Lentamente la llené de sonrisas, de esas que me evocas al pronunciar mi nombre en la cama. Supe narrar la historia de nuestros besos, los que me dabas sin rozar mis labios. Conté los abrazos que emitías con tu mirada hasta notarlos en mi cuerpo.

Poco a poco, tus pasos lentos se hacían mas sonoros. Algo fuerte se acercaba con sigilo. Llegó. Sentí tus versos cantados tan cerca que vibraban en mi paladar. Llevaban un mensaje oculto, una situación mágica, un momento perfecto.

Cierro los ojos y logro sentir tus dedos enredados por mi espalda, tu nariz buscando mis mejillas, tu respiración gritando en el silencio de mis sueños.

He encontrado tu escondite, un pequeño y acogedor lugar donde las paredes están repletas de nuestras risas, de mis lágrimas en tus despedidas, de miradas cómplices que tímidamente empiezan a tener su código, del eco de nuestras palabras.

Ahora solo déjame mirarte otra vez, solo serán unos segundos más hasta que el semáforo vuelva a cambiar. Ya está en verde, toca continuar, agarra mi mano, camina junto a mi, la interminable escalera nos espera. Vístete con tu ilusión yo cogeré mis sueños contigo.